Reto 10K maratón: La terrible sensación de saltarse un entrenamiento

Lo confieso. Llevo tres días como runner y me he saltado un entrenamiento. Pero es que las agujetas hacen mella y también toda clase de dolores propios de empezar a hacer deporte. Y claro, hay días en los que cuesta cambiarse e ir a entrenar porque te duele el cuerpo entero. Cuesta, y mucho.

Pero sucumbir al cansancio y al agotamiento y quedarse en el sofá es un arma de doble filo que termina provocando un cargo de conciencia superior al que me imaginaba. Curioso.

Así que, tras esta primera mala experiencia, decidí cambiar el chip la próxima vez que sintiera la llamada de mi sofá.  Y es que hacer el esfuerzo de ir a entrenar y no saltarse un entrenamiento aún en los días en que te sientes cansado, merece la pena. Y lo digo por experiencia. Porque este mismo lunes fue así y lo que hice fue cambiarme y subir al Parque Grande tan rápido como pude. Sin tiempo para pensar si me lanzaba o no a la piscina (o de mirar si había agua o no) me lancé directamente.

En este caso he de decir me acompañaban las ganas de “resarcirme” tras no haber entrenado el último día. Y pese a saber que era probable que sufriera ya con los 20 minutos de calentamiento, (y así fue) también sabía que el resultado final merecería la pena. Porque cuando comienzas a meter en tu cuerpo el “gusanillo del running” necesitas seguir corriendo. Y cuidao, que yo era la primera que desconfiaba ante una afirmación así. Pero no. Sucede. Necesitas correr. Y lo necesitas porque tienes un objetivo que cumplir, algo que demostrarte a ti mismo, y cada zancada es un pequeño paso que te acerca a él.

Hoy tengo tres veces más agujetas que la semana pasada por el parón de saltarme un entrenamiento. Pero también tengo tres veces más ganas de seguir corriendo. No voy a parar. Y no me detendrá nada ni nadie. Quedan dos meses para el 19 de abril y allí estaré. 

Keep on running!

Kit básico del runner novato

Cuando uno empieza a correr surgen dudas. Eso es así. En mi caso, las primeras han venido de la mano de la época del año en la que he decidido empezar a correr: febrero. Porque claro, no es lo mismo correr en verano que correr en invierno.

Entonces, ¿cómo haces para correr con frío? Y, sobre todo, ¿qué te pones para correr con frío? Evidentemente correr con abrigo de lana y bufamanta, no es la mejor opción. La clave está en la ropa y en el número de capas. Lo aconsejable es llevar una primera capa térmica ajustada al cuerpo (mallas y camiseta), una segunda capa que puede ser más fina o gruesa en función del grado de “friolerismo” de cada uno y una tercera en forma de cortavientos o membrana impermeable si llueve. Gorro y guantes son también aconsejables. Lo que aprende una haciendo running, oye.

Por encima de los colorinchis que lleve tu ropa de runner (hay a quien le importa, pero yo de momento prefiero ir de oveja negra y pasar desapercibida) está el tema del tejido. Eso sí es importante. Porque no es lo mismo correr con una sudadera de algodón que cuando sudes se quede empapada, que con una prenda técnica y transpirable que no retiene tu sudor y te ayuda a mantener tu temperatura corporal. Así que sí, merece la pena invertir en este tipo de prendas.

Siguiente duda, ¿dónde meto las llaves, el móvil y una cartera (aunque sea diminuta)? Afortunadamente alguien se hizo esta misma pregunta hace tiempo e inventó una maravilla: los running belts o “cinturones portacosas”. Pesan poco, cabe de todo y se ajustan a tu cintura o cadera. La solución que hará que puedas correr sin llevar los bolsillos cargados o la mochila de lado a lado de tu espalda. 

Siguiente. Las zapatillas. Evidentemente no se puede empezar a correr con las zapatillas que te pones para “ir de sport” los domingos de vermut con tus amigas. Para correr lo que necesitas son zapatillas de running y a la hora de elegirlas debes guiarte por algo más que el diseño. Lo mejor cuando estás “tan verde” como yo, es dejarse asesorar. En mi caso en Running Zgz me han ayudado a dar con el modelo perfecto. Unas zapatillas chulas, adecuadas al entrenamiento que voy a hacer (porque no es lo mismo correr por ciudad que por el monte) e importante, dentro del presupuesto que tenía pensado.

Así que con mi kit de runner novata lista ahí voy, entrenamiento a entrenamiento, haciendo lo que puedo. Cada día tengo agujetas en una parte nueva de mi cuerpo, pero las endorfinas comienzan a hacer su trabajo y al terminar el entreno me voy agotada, pero con una gran sonrisa a casa. Cada día estoy más cerca de conseguirlo y eso me da fuerzas para seguir corriendo.

77 Días para convertirme en runner

Soy María. Tengo 35 años. Y soy de la clase de personas que no ha vuelto a correr desde que estaba en la EGB. Algo que no sería un problema de no ser porque mi trabajo me obliga a escribir sobre running. Así que, como no es lo mismo vivirlo que contarlo, he decidido convertirme en runner.  

Pero seamos realistas. No tengo la voluntad suficiente como para salir a correr por mi cuenta durante más de dos días seguidos sin poner una excusa. Me aburre y me cansa. Pero como no hay nada, o casi nada, para lo que Google no tenga solución, he dado con los grupos de entrenamiento de Running Zgz.

Empiezo a entrenar esta misma tarde e intuyo que van a ser las 11 semanas más largas de mi vida. Pero también las más emocionantes. Por delante, un verdadero reto. Algo que me ilusiona y aterra a partes iguales: correr la 10k del Maratón de Zaragoza el próximo 19 de abril. Algo que honestamente, sé que no sería capaz de hacer sin un grupo que me apoye y alguien que me guíe. Pero, para eso están los grupos de running, ¿no?

Demostrarme a mí misma que soy capaz de hacer algo que a día de hoy me considero completamente incapaz de hacer es un reto demasiado interesante como para no intentarlo a pesar de saber que voy a sufrir en el intento. Porque sí, soy de esa clase de personas que vive en un segundo y se ahoga subiendo las escaleras de su casa cuando el ascensor no funciona. Porque si hay que ser consciente del estado físico de cada uno, lo cierto es que el mío es -2.

Pero estoy decidida a intentarlo y, además, a hacerlo sin reblar. Soy consciente de que por delante me quedan meses de agujetas, de flato, de esfuerzo y cansancio, de ganas de abandonar… pero también de satisfacción. Porque la sola idea de correr la 10K del Maratón de Zaragoza y cruzar la meta en una Plaza del Pilar vibrante, llena de gente animando, aplaudiendo y en medio de un ambiente increíble e inolvidable, hace que se me pongan los pelos de punta y los ojos vidriosos. Y hacía tiempo que algo no me motivaba tanto.

Hoy empieza el reto. Voy a convertirme en runner en 77 días.