Correr en plena ola de calor

Reto 10K: Correr en plena ola de calor… y no morir en el intento

Jueves, 7 de la tarde, día de entrenamiento. Mi aparato de aire acondicionado lleva encendido desde prácticamente primera hora de la mañana y tengo verdadero pánico a apagarlo. Aun así, me visto con mi uniforme oficial de runner consciente de que la optimista que llevo dentro hoy está en la border line entre optimismo y temeridad.

Miro por la ventana dispuesta a salir a correr. Espera, espera (me alerta sabiamente mi conciencia). No hay ni gatos en la calle. Será por algo, ¿no? Según mi teléfono móvil, afuera la sensación térmica es de 38 grados y mentalmente imagino cómo sería intentar correr con esa temperatura sin morir por combustión espontánea. Complicado. Y desagradable. La sensación es tan real que se me pone mal cuerpo. Miro a mi alrededor en busca de respuestas. ¿Espero? ¿Me cambio? ¿Sustituyo entrenamiento en el infierno por clase de zuma indoor como en los tiempos del confinamiento? Miro a Furia y me ignora por completo, tirado sobre la mesa del salón con la lengua fuera, – gesto que me confirma que se encuentra al borde de la muerte – Pobre. No debe ser fácil regular tu temperatura corporal cuando cuentas con esa suave capa de abundante pelo. Cualquier día lo llevo a la peluquería y lo convierto en un gato sphynx.

Me termino de convencer de que es imposible salir a la calle cuando finalmente abro una ventana y un bofetón de aire caliente me golpea en toda la cara. Como cuando te estás secando el pelo, apuntas erróneamente con el secador y te pegas un inesperado y desagradable quemazo en la cara que te deja la expresión de haber chupado un limón durante un buen rato. Cierro la ventana a toda prisa y vuelvo a mi sofá. Será mejor hacer tiempo hasta que el calor amaine. O eso me digo para autoindultarme, porque en el fondo sé positivamente lo que terminará ocurriendo.

20.30horas. Se me apodera el cargo de conciencia y tengo la impresión de que hace algo menos de calor. Apago el aire y abro la ventana del salón. Efectivamente, parece que sí, pero también parece que va a empezar a llover en cualquier momento y no poco, precisamente. Venga va, hay que intentarlo. Y en lo que tardo en ir a mi habitación, coger la cartera, las llaves y el móvil, empiezan a sonar los primeros truenos de una tormenta que parece que me espera impaciente en el bar de abajo, dispuesta a descargar en cuanto ponga un pie en la calle. Y aunque no lo hago, comienza a llover, y lo hace con unas ganas, que me alegro infinitamente de haberme quedado en casa. Porque si ya me parecía un riesgo correr con 38º grados a la sombra, correr bajo la lluvia me parece todavía más riesgo, teniendo en cuenta que la última vez que tropecé sobre suelo mojado terminaron uniéndose a la fiesta la policía local y una ambulancia.

Apoyada junto a la ventana, disfruto del placer que para mi sentido del olfato supone el olor a tierra mojada. ¿Hay algo mejor en el mundo? Bueno sí, la caña y la bolsa de patatas de después de entrenar no están tan mal… Pero me parece que hoy voy a tener que aparcar esos placeres. Está claro que, con esta dichosa ola de calor, o salgo a entrenar a primera hora de la mañana, o pretender hacerlo en algún momento del resto del día es más peligroso que jugar a la ruleta rusa. Tengo el fin de semana por delante, así que puedo intentarlo, al menos.

Además, tengo mis plantillas supersónicas al fin y todavía no sé qué superpoder me van a conceder. Estaría bien correr más, pero mi mutante favorita siempre fue Tormenta así que, si tuviera que elegir, preferiría poder controlar el tiempo. Así, por ejemplo, el cielo se hubiera cubierto cuando saliese a correr y habría ordenado a la tormenta descargar durante la noche, para que por una vez el calor nos diera una tregua y pudiéramos pegar ojo.

Mañana sábado lo sabré, pero intuyo que no va a ser este mi superpoder así que habrá que conformarse con el que me toque. Aunque bueno, si me tocan las garras de adamantium de Lobezno tampoco nos vamos a quejar. Así podré jugar con Furia en igualdad de condiciones, que siempre me gana la partida.

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