Reto 10K: Los mosquitos contratacan

Martes. Toca entrenamiento con el Señor Miyagi y me levanto que no puedo ni con las pestañas. En los últimos seis días he dormido una media de cinco horas diarias y la falta de sueño se nota. ¿Pruebo a ponerle alguna excusa? Es tan listo que fijo que me pilla. Le cuento la verdad y… y acabo cediendo a su chantaje emocional “María San sabrá, pero recuerdo que querer hacer 10K y para eso deber ir con ganas y motivada” Touché. No es listo este Miyagi ni nada.

Afortunadamente los macarrones con tomate y bien de queso del mediodía y la cabezadita en el sofá me dan un chute de energía inesperado que hace que vea el entreno de por la tarde de otra manera.

19.20hs. Hora de salir de casa y caminar hasta la Expo para llegar justo a las 20hs.

Llego bajo un sol abrasador que apenas me deja abrir los ojos (raro que en esta situación no me haya tropezado con nada) pero Miyagi no aparece. Y yo que pensaba que en el lejano Oriente eran puntuales… me siento al sol y estoy tan a gusto que ya no me preocupa tanto que no venga. Ley de Murphy. Aparece al fondo con una camiseta fluorescente que me hace la rata como cuando en los tiempos de instituto nos entreteníamos con el reflejo del sol en el reloj para fastidiar a algún compañero. Según me acerco veo que viene equipado como si viniera de un trail por el Tíbet con un chaleco portabidones. Antes de que pueda darle las gracias por el detalle del agua fresquita, mira hacia arriba y a continuación suelta “Sol de cara, cambiar ruta. ¿Empezar?” “Si, sí, voy”. No pierde el tiempo este hombre. Contesto y arranco a trote cochinero. Me pregunta cortésmente por la semana y … ya la hemos liao’ “Flato is back”. ¿Cómo? ¡Pues de eso nada! Me aprieto el abdomen como si contuviera una herida de bala del calibre 22 y en menos de lo esperado desaparece. ¡Ja! María 1 – Flato 0.

Y nos adentramos en el meandro una semana más. Y parece que hay menos gente. Y hasta menos mosquitos. O a lo mejor simplemente estoy sufriendo menos que la semana pasada y lo veo todo de otra manera, que puede ser, porque a continuación me ataca un mosquito a traición en el ojo y me obliga a parar. Me hurgo en el ojo sin éxito y continuamos trotando. Puedo correr con visión completa en un solo ojo, que tengo sangre de Teruel, joer.

Miyagi mira su reloj y me manda aflojar el ritmo varias veces. Que me acelero, dice. Para un día que no me quejo, ahora resulta que también es malo venirme arriba… “¿Camino corto o camino largo” – me pregunta al llegar a una bifurcación – “¡Largo!” – contesto ingenua de mi – y continuamos hacia delante acompañados por la voz de Marc Anthony que sale de mis auriculares a un volumen inesperadamente alto recordándonos que la vida es un carnaval.

Empiezo a arrepentirme de haber elegido el camino largo y le pregunto si queda mucho. Miyagi me dice que no, que quedan unos 2.5kms y medio. Mátame camión. ¿Aún? Pero si llevamos más de media hora corriendo… A pesar de eso se me hacen cortos, entre otras cosas, porque Miyagi para antes de lo esperado diciendo que no puede más. “¿Pero esto qué es lo que es?” pues vaya sensei me he echado… a ver si lo voy a tener que poner a dar cera y pulir cera yo a él… Decido ser benevolente cuando me explica que el día anterior ha corrido 10 kilómetros a buen ritmo mientras me ofrece un botellín de agua fresquita. Tampoco pasa nada por haber hecho solo 5 kilómetros hoy. Además, me quedan 3kilómetros más de vuelta caminando y hay que guardar fuerzas para no volver reptando a casa.

Estiramientos post entreno, cervecita de rigor y bolsa de patatas mientras literalmente nos devoran los mosquitos a través de las mallas, incluso. Eso no son mosquitos tigre, ¡son mosquitos cocodrilo!.El próximo día me fumigo en citronela y hago lo propio con el Señor Miyagi, le guste o no. Si el flato no pudo conmigo no vais a poder vosotros, ¡malditos! Tengo una 10K a la que llegar motivada y con ganas y como siga así la hago dando palmas.

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