Reto 10K: Y cuándo esto termine… ¿qué?

Algo tiene esta cuarentena que resulta inquietante. Un día te vienes arriba y te lías a correr pasillo arriba-pasillo abajo, haces 100 flexiones y 50 sentadillas con el palo de la fregona y al día siguiente… al día siguiente no tienes ganas de hacer ná. Ni de quitarte el pijama. Y no haces otra cosa que el paseíllo de la vergüenza cama-sofá-sofá-cama con paradas intermedias en la nevera. Y ni te peinas, ni te duchas. Y además te da exactamente igual. Y no tienes ganas ni de recibir videollamadas. Como para pensar en entrenar. Pues va a ser que no.

Esos días son habituales. Los hemos tenido todos y los seguiremos de vez en cuando mientas esta especie de distopía en la que vivimos instalados continúe. Aceptarlos como parte del proceso “normal”, sin martirizarse o forzarse a ser productivo de algún modo, es un factor importante para mantener estable nuestra salud mental. Y sin salud mental no hay salud física, y mucho menos, ganas de entrenar para mantenerla.

Esos días de atontamiento y pijama, a nuestra mente, por tener a su disposición menos distracciones externas, le da por darle vueltas a las cosas. Y te planteas qué pasará cuando volvamos a las calles y despertemos de este mal sueño. A quien abrazarás primero y dónde saldrás a celebrarlo después. Cómo será la vuelta a los entrenamientos y si seguirás siendo capaz de correr al mismo ritmo que antes.

Pero no caigamos en el error de pensar solo en nosotros, que, al fin y al cabo, si algo nos está enseñando todo esto, es a funcionar como un todo en el que la única solución para vencer al enemigo, es aunar esfuerzos.

Así que retomando el qué haremos cuando todo esto termine, empiezo a pensar en aquellos que antes de que el covid-19 copara nuestras vidas y la actualidad informativa, eran los tristes protagonistas de informativos y portadas de periódicos. Porque, aunque ahora no hablemos de ellos, está claro que, si su situación era complicada antes, ahora sigue siéndolo y cuando esto termine, también lo será. Y cuando digo esto me acuerdo con una mezcla de nostalgia y cariño de los guantes que he estado usando para correr desde que me inicié en el running en febrero. Unos guantes rosas con un contundente mensaje: #Libresparacorrer. Unos guantes creados para apoyar la lucha contra la violencia machista y que me sentí en la obligación ética y moral de comprar cuando me inscribí en los grupos de entrenamiento. Porque como mujer y como runner, había lugares por los que no me atrevía a ir corriendo yo sola de noche. Y no era porque ningún estado de alarma me lo prohibiera.

Y es así como llego a la conclusión de que quizá no deberíamos esperar a recuperar nuestras antiguas vidas para pensar en lo que vendrá después y en cómo deberemos afrontarlo. Ojalá hacerlo como una sociedad renacida, capaz de apreciar todo por lo que antes pasábamos de puntillas. Ojalá hacerlo siendo más generosos y valientes, pero no para no tener miedo a nada, sino para a pesar de tenerlo, tener el valor de enfrentarnos a él.

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