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José Vicente Zúñiga tiene 45 años y es carretillero en una fundición. Hace seis meses cambió su vida con el nacimiento de Sara, su primera hija. Dos meses más tarde se apuntó a la vez en el Medio Maratón de Zaragoza y en el Maratón de Zaragoza, prueba que se celebra el próximo 28 de septiembre. Las últimas semanas José Vicente se ha organizado de la mejor manera posible para compatibilizar su vida familiar, con la laboral y la deportiva. Reconoce que su esposa tiene mucho mérito. “Dice que el maratón lo corro yo, pero lo entrenamos todos”, indica este popular del Running Zaragoza.

Zúñiga trabaja de turnos. Cuando lo hace por la mañana, no tiene problemas para entrenarse. “Por la tarde quedo con el grupo a correr. Pero si trabajo de tarde, me tengo que organizar y me entreno por mi cuenta. Me levanto a las seis de la mañana y me voy a correr. Cuando vuelvo a las ocho a casa aún están dormidas mi hija y mi mujer. De esta manera no le trastoco a Chus, mi esposa, su vida y no la tengo esclavizada”. Tras el Maratón de Zaragoza José Vicente quiere correr otro antes de la próxima primavera. “La niña ya tendrá un añico y la podremos llevar de viaje. Me gustaría correr en Madrid, Sevilla o Barcelona, ciudades que tienes muy cerca en AVE”, indica el veterano corredor popular.

Zúñiga tiene tanta ilusión en terminar su segundo Maratón de Zaragoza como que su mujer se pusiera a correr. “Así tendríamos otra cosa más en común y me entendería más. Sería una satisfacción correr juntos. Pero Chus no ha estado vinculada nunca por su familia al deporte. Me dice que si me merece la pena correr tanto a mis 45 años”. Cuando se va a correr por el Parque Grande o por las riberas del Ebro José Vicente carga las pilas. “Es un momento mío y desconecto. Corro y me olvido del trabajo y de la casa”, afirma. Su estimada madre tampoco le entiende, aunque desde los diez años está acostumbrado a practicar deporte. “Me dice que a donde voy pobrecico haciendo 42 kilómetros. Pero yo le explico que prefiero esto a quedarme en el sofá viendo la tele y comiendo palomitas. El maratón es una forma de vida. ¡El buen cuerpo que se te queda cuando terminas el maratón es impresionante!. Y después te pegas diez dias contando la batallita a los amigos…”, afirma Zúñiga.

José Vicente se enorgullece de haber corrido los cuatro últimos años todas las distancias desde los cinco kilómetros hasta el maratón, incluyendo carreras por montaña. El año pasado debutó en los 42 kilómetros corriendo en Zaragoza. “Competí como un debutante, pero me lo pasé genial. En el kilómetro 33 conocí el famoso muro del maratoniano. No llegué a pararme, pero pasé de hacer 5.30 el kilómetro a siete minutos el mil. A tres kilómetros de meta ví a la gente conocida y recuperé las fuerzas. Terminé en 4.08”, recuerda.

Zúñiga ya tiene muchas ganas de que llegue cuanto antes el 28 de septiembre. El zaragozano tiene hambre de maratón. “Lo más duro de la preparación empieza ahora. Llevo cinco meses preparándome y se me empieza a hacer un poco largo. Estoy un poco cansado de la rutina del entrenamiento”. Lo que peor lleva son las series. “Me cansan al hacerse siempre en el mismo entorno. Sin embargo, las tiradas largas de los fines de semana me gustan, porque tienes más libertad para hacerlas donde te parezca”, dice Zúñiga.

En su segunda maratón, el objetivo primero de José Vicente es terminar. El segundo no sufrir el temido muro. “Hasta el kilometro 30 del maratón es entrenar. A partir de alli empieza la carrera. Este año saldré un pelin más conservador. Quiero hacer 3.50, iré con la liebre y sin obsesionarme”, reconoce. Zúñiga no se olvida de la oscura e importante labor de los técnicos del club. “Todos los entrenadores son muy buenos. Pero Alvaro Lombardo me parece espectacular. Nos lleva supercontrolados todo el entrenamiento y para la edad que tiene, sabe mogollón”, explica el veterano atleta popular.